No hay una historia de fundación que contar ni una lista de premios para mostrar. Lo que sí hay es una forma de ordenar el catálogo que responde a cómo se compra en el mostrador: por código, por medida y por uso previsto. Estos son los criterios que sostienen esa lógica.
Primero la ficha, después la pieza
Cada artículo se publica con medida nominal, tipo de rosca, material y uso previsto antes de cualquier otra cosa. El plomero que llega con una canilla desarmada en la mano necesita saber si el cartucho entra, no leer una descripción decorativa. Por eso las fichas se escriben como se lee un plano: dato primero, contexto después.
Compatibilidad entre líneas, sin adivinar
Termofusión, PVC y bronce conviven en la misma instalación y no siempre se llevan bien en el punto de unión. Las notas prácticas de cada ficha aclaran dónde una conexión de latón encaja sin forzar la rosca y dónde conviene intercalar una pieza distinta. Es información que se aprende en obra, pero que también se puede dejar escrita.
Económica o duradera según presión
No toda pieza barata es un error ni toda pieza reforzada es necesaria. La presión de red y el uso del tramo definen la elección: una línea de riego no exige lo mismo que un tablero de distribución. El catálogo ofrece ambas alternativas y explica en qué caso conviene cada una, sin empujar al instalador hacia la opción más costosa por defecto.
Pedido por código, consulta por bulto
El pedido se arma nombrando códigos, no describiendo piezas de memoria. La disponibilidad se consulta por bulto cerrado, que es como realmente se maneja el stock en un mostrador de barrio. Los repuestos que se consumen seguido —aireadores, sellos cerámicos, flexibles trenzados— se pueden sumar a la lista de reposición mensual para no volver a pedirlos uno por uno.
Guías breves y tablas de torque
Junto a las fichas se publican guías cortas de instalación y tablas de torque para las piezas que lo requieren. No son manuales extensos: son recordatorios de los valores que se olvidan entre una obra y la siguiente. La idea es que el instalador no tenga que buscar en foros lo que debería estar en la misma página del repuesto.
Un catálogo, no una tienda
Gerritts no ofrece cuentas, pagos en línea, reservas ni envíos automáticos. El recorrido termina en una consulta técnica o de disponibilidad enviada desde la página de contacto. Todo lo demás —la decisión de compra, el armado del pedido, la verificación en obra— queda del lado de quien conoce la instalación, que es como debe ser.